¿Hay racismo en Brasil?

Si hay algo característico de Brasil es su mezcla de razas. A priori, un brasileño puede ser negro como un africano, blanco como un alemán, oriental como un japonés o una mezcla de todo lo anterior. A pesar de la gran variedad, sí que es posible trazar unos patrones geográficos, con un gradiente de color de piel que se va aclarando hacia el sur, y que esbozan la historia de las sucesivas colonizaciones. Merece una mención especial la gran colonia japonesa, mayoritariamente radicada en el estado de São Paulo, fruto de la inmigración durante el siglo XX, y que suma un millón y medio de japoneses y descendientes de japoneses.

El norte de Brasil es fundamentalmente negro, debido a la continua importación de esclavos desde África para trabajar en las plantaciones, primero de café y más tarde de azúcar. Fue sobre esa mano de obra barata sobre la que se construyeron las primeras fortunas del país, las de los llamados “coroneles del café”, cuya época de prosperidad plasmó Jorge Amado en “Gabriela clavo y canela“. Sin embargo, la herencia de la esclavitud es una losa pesada aún hoy en día en la región. Cuando el azúcar dejó de poder producirse a un precio competitivo, la región se arruinó dejando a una masa de esclavos liberados sumida en la pobreza. O por lo menos, así lo cuenta Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina“. Hoy, la mayoría de los indigentes que malviven en las calles de São Paulo y Río prodeden del nordeste, que irónicamente es el sitio de turismo y playa que escogen los paulistanos y cariocas para huir de sus metrópolis.

La historia del sur de Brasil es casi antagónica. Colonizado por alemanes, más del 80% de su población es blanca. Los viajeros que visitan el sur suelen describirlo como “organizado”, “ordenado”, “limpio” y también como “no parece Brasil”. Según Wikipedia, la región sur tiene “la mayor tasa de alfabetización, el mayor consumo alimentar, la mayor esperanza de vida, la menor desigualdad de renta, la mejor educación y salud públicas, el más alto nivel de bienestar social y la menor tasa de corrupción de Brasil”.

En el trato diario es difícil encontrar gestos o actitudes racistas, que por otro lado están gravemente penalizadas. Aún así, a veces se dan situaciones curiosas, como la del alumno de Isa que decía que no le gustaban los negros, a pesar de ser él mismo bastante oscuro. También he leído varias veces frases del tipo: “¡Cómo voy yo a ser racista si mi padre es negro!” (él no, por supuesto, él es blanquísimo pero tolerante).

En cualquier caso, no dejan de ser situaciones anecdóticas, y yo nunca he visto nada que ningún tipo de gesto o actitud que se pudiera considerar racista. Sin embargo un viaje por las estadísticas y los titulares de periódicos dan una idea bastante diferente. Más del 70% de las víctimas de homicidios en Brasil son ciduadanos negros, con una fuerte disminución en los últimos años de las víctimas blancas y un incremento sustancial de las negras, una tendencia que además es más acusada entre la población joven, de entre 15 y 24 años (la información viene de este estudio, a partir de la página 89). Hay el doble de analfabetos negros que blancos y los índices de educación muestran sistemáticamente una peor sitauación para los negros en cualquier franja de edad. En casi cualquier indicador de desarrollo que se mire, la población negra puntúa peor. Para intentar paliar estas desigualdades, existen diversos sistemas de discriminación positiva, que garantizan plazas en determinadas instituciones para personas auto-declaradas negras.  Y como siempre que se toman este tipo de decisiones, su implantación no ha estado exenta de polémica.

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Una de las noticias más comentadas en los últimos tiempos ha sido la del adolescente, sospechoso de haber realizado diversos robos, que fue golpeado, desnudado y atado a una farola con un candado de bicicleta por un grupo de “justicieros” en el barrio de Flamengo, en Río de Janeiro. A sólo seis meses de recibir el Mundial de fútbol, la historia ha causado un grave deterioro para la imagen de la ciudad. Quizás lo que más asusta en estos casos es leer los comentarios que acompañan a las noticias, donde mucha gente justifica este tipo de actitudes, hasta el punto que la chica que denunció la agresión ha recibido amenazas y mails intimidatorios. Este mismo mês también, un actor negro fue confundido por un ladrón y estuvo encarcelado dieciséis días en Río de Janeiro. Aunque no sufrió maltrato durante su encarcelamiento, el caso ha generado bastante debate, al plantear si la misma situación se hubiera dado si el actor en cuestión fuera blanco.

Diferencias estructurales aparte, existe también un racismo soterrado, considerado a veces casi inocente, en forma de chistes y frases hechas. Una buena muestra se puede apreciar echándole un vistazo al perfil en Twitter de @NaoSouRacista. Las perlitas que sueltan algunos no tienen precio.

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3 Responses to ¿Hay racismo en Brasil?

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