Bruce Alberts o cómo recuperar la fe en la ciencia

ALBERTS

En 1978 James Watson, el descubridor junto a Francis Crick de la estructura en doble hélice del ADN, llamó a Bruce Alberts para proponerle escribir un libro de texto donde se juntasen los últimos avances de la biología molecular con los de la biología celular. Hasta aquella fecha ambas disciplinas pertenecían a campos independientes de la ciencia. Aquel libro, llamado “Molecular biology of the cell” y hoy conocido vulgarmente como “el Alberts”, consiguió unir los conocimientos de ambas áreas de forma coherente y se convirtió desde entonces en el libro de cabecera (y también en terrible pesadilla) para millones de estudiantes de biología de todo el planeta. Hoy en día es virtualmente imposible encontrar a un investigador en biología, bioquímica o biología molecular que no haya aprendido gran parte de lo que sabe en las páginas del Alberts.

Por ello, Bruce Alberts es el científico más conocido, si no del mundo, al menos de la comunidad científica. A su alrededor siempre tiene una fila de personas que quieren sacarse una foto con él o que les firme un ejemplar de su libro de casi 1.400 páginas. Aunque tiene 77 años, siempre se presta a posar, a firmar. Amable, educado, destilando tranquilidad, llenando auditorios allá donde va, es un una auténtico personaje pop de la ciencia.

Las charlas de Alberts son oro puro. Alberts habla en el lenguaje universal de la ciencia que la mayor parte de los que nos dedicamos a esto casi hemos olvidado. Cree en esa ciencia que no conoce fronteras, que presupone respeto y tolerancia. Nos pide que exploremos lo inexplorado en lugar de seguir la senda trillada. Cita a Poincaré, a Pasteur. Insiste en la importancia de la ciencia básica como único camino para mejorar la vida del ser humano mediante el conocimiento. Pone su esperanza en los jóvenes preguntándose qué sería de Silicon Valley si no hubiera allí personas de menos de 36 años. Apasionado de la educación, rechaza esa enseñanza en la que un profesor afirma y los alumnos repiten y apuesta por métodos en los que sean ellos los que lleguen a las respuestas mediante el diálogo y el pensamiento constructivo. Y además hace todo esto de manera activa: escribiendo editoriales, colaborando con colegios, dando charlas en todo el planeta, aprovechando toda su fama de forma humilde y trabajadora para intentar cambiar el mundo. Cuando Alberts habla es como si nos señalase a las estrellas: nos hace sentir pequeños, valorar lo que vemos y hacemos con las perspectiva de lo inconmensurable. Nos hace olvidar la frustración y las largas horas de experimentos fallidos para recordarnos la parte épica y grandiosa de nuestro trabajo y por qué un día decidimos dedicarnos a esto.

 Gracias Bruce.

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