Minhocão: el gusano gigante

El mayor símbolo de la apuesta de São Paulo por el transporte motorizado individual es sin lugar a dudas el elevado Presidente Artur da Costa e Silva, más conocido por los paulistanos como el Minhocão (minhoca es gusano, minhocão algo así como “gusanón”). Pocas cosas ponen más de acuerdo a los habitantes de la ciudad que la fealdad de este horrible scalextric, construído en 1970 para permitir aumentar el flujo de coches ante la imposibilidad física de ampliar las calles del centro de la ciudad y conectar las zonas este y oeste sin semáforos. Tiene una extensión de 3.4 kilómetros y pasa a tan sólo cinco metros de los edificios colindantes. Cada día lo cruzan entre 70.000 y 120.000 vehículos. Curiosamente, en una ciudad donde la construcción del metro lleva estancada años, con estaciones a medio hacer, una obra faraónica como el Minhocão se levantó en tan solo catorce meses. El alcalde que lo construyó, Paulo Maluf, es un pájaro de tal calaña que lo busca hasta la Interpol. Por si todo esto no fuera suficiente, lleva el nombre de uno de los presidentes de Brasil durante la dictadura, concretamente del que gobernó durante la fase más represiva.

El gusano gigante está plantado en todo el medio de la ciudad, cruzando una porción grande del centro, incluída la emblemática avenida São João. Como pasa tan cerca de los edificios y tiene tanto tráfico, los inmuebles han ido perdiendo valor y los barrios que cruza se han ido degradando. Además, las calles que sobrevuela quedan oscurecidas y los pilares que lo sostienen se convierten en sitios ideales para asentamientos de mendigos y emboscadas de ladrones.

Aunque todo el mundo está de acuerdo en que el Minhocão es una aberración urbanística, ningún gobernante ha sabido darle una solución convincente. Prácticamente desde que se inauguró se discute su demolición, considerando que una obra así no tiene arreglo posible. La segunda opción que se baraja es reconvertirla en un jardín colgante, al estilo del High Line de Nueva York, aunque ello no solucionaría el problema de las calles inferiores y además se corre el riesgo de que la zona pase a sufrir los males de la gentrificación, como de hecho ocurrió alrededor del High Line. Las dos posibilidades se contemplan en el último plano director de la ciudad, aprobado hace sólo un año, aunque parece ser que ninguna de ellas se llevaría a cabo antes de 2025.

Tan sólo cinco años después de su inauguración se decidió cerrar el tráfico por la noche, ya que había muchos accidentes y demasiado ruído. En 1989 el cierre se extendió también a los domingos, y desde hace tan sólo unas semanas también los sábados por la tarde. A simple vista, cerrar una carretera podría parecer una idea poco menos que absurda. Pero lo que ocurre es, en realidad, bastante mágico, y muy sintomático de la demanda velada por espacios públicos que existe en São Paulo. Y es que, de manera IMG-20150719-WA0027espontánea desde entonces, cada domingo el Minhocão sustituye los coches por un montón de niños jugando, gente en bicicleta, grupos de música, vendedores de maíz o de cocos helados, patinadores, skatistas, DJs, vendedores ambulantes, perros, …  Paseando por el elevado, en medio de una autopista de cuatro carriles, uno se siente en un escenario post-apocapíptico (podéis ver unas fotos muy buenas aquí). Mientras los políticos deciden qué hacer con el Minhocão, los ciudadanos ya se han organizado y existen grupos de teatro que actúan en las ventanas de los edificios de alrededor, una agrupación que se junta por las tardes para pasear a sus perros por el elevado (llamada Minhocães), wifi gratuita (ofrecida por la Asociación Amigos del Parque Minhocão, que agrupa a los simpatizantes de la idea del jardín colgante), etcétera.

Creo que es por cosas así por las que me encanta esta ciudad: porque a la vulgaridad de los gobernantes que construyen moles de cemento gris se opone la imaginación y las ganas de sus ciudadanos, capaces de transformarlas en parques. Aunque sean (al menos de momento) parques de asfalto.

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3 Responses to Minhocão: el gusano gigante

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