El arte del puzzle

puzzle

Dentro de diez días nace Rita, así que estoy agobiado intentando acabar mil cosas antes. Con este panorama hemos comprado un puzzle y de repente todo parece menos urgente. Como dice Renton al principio de Trainspotting: “When you’re on junk you have only one worry: scoring“. Y efectivamente, el puzzle es [como] una droga. Ya no hago nada más: ni escribo, ni toco la flauta, ni leo. Cierro los ojos y veo piezas de colores. Y cuando mi cabeza no está intentando juntar piezas me pongo a divagar sobre la filosofía del puzzle.

Muchas cosas hacen del puzzle un juego especial: no tiene límite de participantes ni de edad, no hay ganadores ni perdedores y además es imposible hacer trampas. En el puzzle se trabaja de manera individual y se trabaja en equipo, casi siempre de manera inconsciente y espontánea. Se premia la observación, la paciencia, la tenacidad, el esfuerzo. El puzzle es además un modelo perfecto para la heurística, el arte de encontrar soluciones a problemas: no hay una única forma de hacer un puzzle, como mucho hay una serie de recomendaciones (separar los bordes, agrupar las piezas por colores, …) que uno puede o no seguir. Y el fin totalmente justifica los medios: cualquier método vale si consigue encajar piezas.

En mi casa siempre hemos sido muy de puzzles. Es muy curioso cómo funciona la construcción de un puzzle en una casa de familia numerosa. Uno empieza, va separando los bordes, jutando las primeras piezas. Al rato otro se le une y va agrupando piezas por colores, intentando poner una tercera pieza donde ya hay dos, una cuarta donde hay tres. Más tarde suele aparecer alguien con aire de suficiencia que echa un vistazo y dice “No tenéis ni puta idea, lo primero que tenéis que hacer es completar esta parte de aquí”. Mueve un poco las piezas con una mano, buscando un patrón muy evidente, un color muy característico, prueba un par de piezas que no encajan, va aguzando la vista y acaba sentándose al lado, muy despacito y sin dejar de mirar las piezas, para ponerse a trabajar en silencio. Unos se levantan y otros ocupan su lugar. La evolución del puzzle suele ser parecida siempre: primero los bordes van creciendo de forma interrumpida, comenzando a esbozar un marco, mientras en medio se van formando pequeños núcleos aislados, que progresivamente se van juntando. Más tarde hay zonas casi acabadas donde una única pieza, que debería ser sencillísima de distinguir, se resiste a aparecer.  Los bordes ya están bien delimitados, las partes más características completas. Al final suelen faltar los cielos, los mares, los fondos, zonas donde las piezas se confunden y hay que ser más observador para distinguir ligeros gradientes, pequeños accidentes. A medida que se avanza se va haciendo más fácil: cada vez hay menos piezas y menos huecos y ya se puede arriesgar uno al ensayo y error más descarado. Las últimas piezas se viven con emoción, es la cuenta atrás: cinco, cuatro, tres, dos, una. Al acabar siempre hay un gran alborozo: risas, abrazos, fotos con el puzzle. Rememoramos pasajes difíciles, mostramos las zonas que hemos completado nosotros, hacemos bromas sobre lo fácil que ha sido.

Un puzzle completo es un objeto totalmente desprovisto de interés, no esconde ningún misterio. Así que después de un tiempo razonable de exposición, lo desmontamos y volvemos a meter las piezas en la bolsa y la bolsa en la caja y la caja en el armario (o si no tendremos que oír a mi madre).

A continuación os dejo un texto que se llama “El arte del puzzle” y es el primer capítulo de “La vida instrucciones de uso” de Georges Perec, el libro-puzzle por excelencia. Os dejo, que me quedan muchas piezas por poner.

…………………..

La mirada sigue los caminos que se le han reservado en la obra

Paul Klee – Pädagogisches Skizzenbuch

Al principio el arte del puzzle parece un arte breve, un arte de poca entidad, contenido todo él en una elemental enseñanza de la Gestalttheorie: el objeto considerado –ya se trate de un acto de percepción, un aprendizaje, un sistema fisiológico o, en el caso que nos ocupa, un puzzle de madera- no es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto, es decir una forma, una estructura: el elemento no preexiste al conjunto, no es ni más inmediato ni más antiguo, no son los elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos: el conocimiento del todo y de sus leyes, del conjunto y su estructura, no se puede deducir del conocimiento separado de las partes que lo componen: esto significa que podemos estar mirando una pieza de un puzzle tres días seguidos y creer que lo sabemos todo sobre su configuración y su color, sin haber progresado lo más mínimo: sólo cuenta la posibilidad de relacionar esta pieza con otras y, en este sentido, hay algo común entre el arte del puzzle y el arte del go: sólo las piezas que se hayan juntado cobrarán un carácter legible, cobrarán un sentido: considerada aisladamente, una pieza de un puzzle no quiere decir nada; es tan sólo pregunta imposible, reto opaco; pero no bien logramos, tras varios minutos de pruebas y errores, o en medio segundo prodigiosamente inspirado, conectarla con una de sus vecinas, desaparece, deja de existir como pieza: la intensa dificultad que precedió aquel acercamiento, y que la palabra puzzle –enigma- expresa tan bien en inglés, no sólo no tiene ya razón de ser, sino que parece no haberla tenido nunca, hasta tal punto se ha hecho evidencia: las dos piezas milagrosamente reunidas ya sólo son una, a su vez fuente de error, de duda, de desazón y de espera.

El papel del creador de puzzles es difícil de definir. En la mayoría de los casos –en el caso de todos los puzzles de cartón en particular- se fabrican los puzzles a máquina y sus perfiles no obedecen a ninguna necesidad: una prensa cortante adaptada a un dibujo inmutable corta las placas de cartón de manera siempre idéntica: el verdadero aficionado rechaza esos puzzles, no sólo porque son de cartón en vez de ser de madera, ni porque la tapa de la caja lleva reproducido un modelo, sino porque ese sistema de cortado suprime la especificidad misma del puzzle; contrariamente a una idea muy arraigada en la mente del público, importa poco que la imagen inicial se considere fácil (un cuadro de costumbres al estilo de Vermeer, por ejemplo, o una fotografía en color de un palacio austriaco) o difícil (un Jackson Pollock, un Pissarro o –paradoja mísera- un puzzle en blanco): no es el asunto del cuadro o la técnica del pintor lo que constituye la dificultad del puzzle, sino la sutileza del cortado, y un cortado aleatorio producirá necesariamente una dificultad aleatoria, que oscilará entre una facilidad extrema para los bordes, los detalles, las manchas de luz, los objetos bien delimitados, los rasgos, las transiciones, y una dificultad fastidiosa para lo restante: el cielo sin nubes, la arena, el prado, los sembrados, las zonas umbrosas, etcétera.

Las piezas de esos puzzles se dividen en unas cuantas grandes clases, siendo las más conocidas: los muñequitos

las cruces de Lorena

y las cruces

y una vez reconstruidos los bordes, colocados en su sitio los detalles –la mesa con su tapete rojo de flecos amarillos muy claros, casi blancos, que sostiene un atril con un libro abierto, el suntuoso marco del espejo, el laúd, el traje rojo de la mujer- y separadas las grandes masas de los fondos en grupos según su tonalidad gris, parda, blanca o azul celeste, la solución del puzzle consistirá simplemente en ir probando una tras otra todas las combinaciones posibles. El arte del puzzle comienza con los puzzles de madera cortados a mano, cuando el que los fabrica intenta plantearse todos los interrogantes que habrá de resolver el jugador; cuando, en vez de dejar confundir todas las pistas al azar, pretende sustituirlo por la astucia, las trampas, la ilusión: premeditadamente todos los elementos que figuran en la imagen que hay que reconstruir –ese sillón de brocado de oro, ese tricornio adornado con una pluma negra algo ajada, esa librea amarilla toda recamada de plata- servirán de punto de partida para una información engañosa: el espacio organizado, coherente, estructurado, significante del cuadro quedará dividido no sólo en elementos inertes, amorfos, pobres en significado e información, sino también en elementos falsificados, portadores de informaciones erróneas; dos fragmentos de cornisa que encajan exactamente, cuando en realidad pertenecen a dos porciones muy alejadas del techo; la hebilla de un cinturón de uniforme que resulta ser in extremis una pieza de metal que sujeta un hachón; varias piezas cortadas de modo casi idéntico y que pertenecen una a un naranjo enano colocado en la repisa de una chimenea, y las demás a su imagen apenas empañada en un espejo, son ejemplos clásicos de las trampas que encuentran los aficionados. De todo ello se deduce lo que, sin duda, constituye la verdad última del puzzle: a pesar de las apariencias, no se trata de un juego solitario: cada gesto que hace el jugador de puzzle ha sido hecho antes por el creador del mismo; cada pieza que coge y vuelve a coger, que examina, que acaricia, cada combinación que prueba y vuelve a probar de nuevo, cada tanteo, cada intuición, cada esperanza, cada desilusión han sido decididos, calculados, estudiados por el otro.

Georges Perec – “La vida instrucciones de uso

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6 Responses to El arte del puzzle

  1. frfdtejada says:

    Sería increible que lo terminases el mismo día que nace Rita, te acordarías toda la vida de este puzzle y ella se lo contará a todos su s amigos cada vez que vayan a casa.

    El puzzle es muy bonito, no parece difícil por la cantidad de colores distintos que tienen las mariposas, eso te ayudará mucho. Si te gusta esta afición hace 15 días he empezado con un blog personal sobre este tema. Te dejo su enlace por si te animas, y poco a poco irás viendo todos los puzzles que he hecho, contaré un poco su historia como acabas de hacer tú, e intentaré hablar de otros temas relacionados con los puzzles, para aquellas personas que no conozcan esta afición tan bonita se interesen por ella.

    http://www.elblogdelpuzzle.com/

    Un abrazo y que salga todo bien, sólo queda publicar una footo de Rita recién nacida con el puzzle de fondo.

    frfdtejada

    • Bradomin says:

      Gracias por tu comentario, le he echado un vistazo a tu blog y tiene pintaza, lo seguiré de cerca.

      Sobre nuestro puzzle, la idea es acabarlo antes de que llegue Rita, pero vamos un poco contrarreloj. Y bueno, aunque parece fácil por tener muchas mariposas diferentes, está plagado de trucos: los patrones de las alas son muy parecidos, hay mariposas idénticas en sitios muy alejados, muchas figuras pequeñas con los mismos colores, …. Y son dos mil piezas, que se dice pronto 🙂

      De todas formas, vamos avanzando y a día de hoy tiene esta pinta:

      2015-06-10 7:15 GMT-03:00 Atresillando – El blog del Sr. Tresillo :

      >

      • vidalmoyaperez says:

        Genial entrada Sr tresillo,siempre recordaré con nostalgia ese puzzle que mi mujer y yo empezamos a hacer sobre un póster de una película antigua del doctor jekill …,cuando aun no teníamos muebles y cuadros con los que entretener la vista, sirvió para rellenar esos silencios de aquel salón vacío.
        Poco a poco las piezas van encajando,después de vivir en tres casas y ver moverse esos muebles con forma de piezas de puzzle,espero que las piezas vuelvan a encajar.
        El sábado volví a retomar esa sensación al colocarme delante de un puzzle de 500 piezas,al que se unió mi hija de 6 años que ha desarrollado esa capacidad de observación realizando muchos puzzles y viendo a su padres moviendo los muebles de su casa…..
        Espero que Rita llegue con un gigantesco puzzle debajo del brazo que OS llene de felicidad
        Saludos

      • Sr. Tresillo says:

        Qué comentario más bonito, gracias por compartirlo y por los buenos deseos 🙂

      • vidalmoyaperez says:

        Te dejo esta cancion de un grupo que me gustaba mucho manta ray y la cancion Rita

      • Sr. Tresillo says:

        ¡Muchas gracias! No conocía el tema, mola bastante.

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