Oda a La Odisea

El post de hoy es arriesgado, porque os quiero intentar transmitir el entusiasmo que he sentido al volver a leer “La Odisea”, unos de los clásicos por antonomasia de la literatura universal. Y digo que es arriesgado porque temo que si no lo consigo os acabe soltando una chapa importante y acabéis maldiciendo mi nombre. Si aún así me decido a escribirlo es porque creo que si con él consigo que una única persona se anime a leerla y la disfruta la mitad de lo que la he disfrutado yo ya habrá valido la pena.

“La Odisea” es un libro fantástico. Para el que no conozca bien la historia os la resumo brevemente: Odiseo, el protagonista (a.k.a. Ulises), sufre mil y una calamidades intentando volver a la isla de Ítaca después de haber luchado en la guerra de Troya. En su casa le esperan su mujer Penélope y su hijo Telémaco, que no saben si Odiseo sigue vivo o ha muerto durante su regreso. Como esta incertidumbre dura años, varios nobles pretenden casarse con Penélope para hacerse con las riquezas de Odiseo. Aunque ella les da largas, ellos esperan a que se decida pegándose increíbles banquetes en casa de Odiseo, dilapidando la fortuna que le correspondería por herencia a Telémaco.

Hay muchas cosas que me fascinan del libro. En primer lugar el estilo narrativo: la historia empieza con un Telémaco preocupado que parte en busca de noticias sobre su padre a casa de antiguos compañeros de Odiseo en la guerra de Troya. Luego el narrador deja a Telémaco y se centra en Odiseo, que se encuentra en mitad de su periplo, “secuestrado” en la isla de Calipso. Después de acompañar a Odiseo por los mares hasta la tierra de los feacios, escuchamos de su propia boca sus aventuras anteriores, desde que salió de Troya hasta que llegó a la isla de Calipso, mientras se las narra a Alcínoo, rey de los feacios. Finalmente ambas historias convergen cuando Telémaco y Odiseo se juntan para tramar la venganza contra los pretendientes y cerrar la historia por todo lo alto.

El lenguaje del libro también me gusta. Los nombres de todos los personajes y las ciudades van siempre acompañados de un epíteto. Así Odiseo es “pródigo en tretas” o “destructor de ciudades”. Troya siempre se recuerda como “la de hermosos corceles” y también “la bien amurallada”. Ítaca es “pedregosa”. A veces a los personaje se les denomina con el nombre de su padre (Odiseo, como hijo de Laertes, es el “Laertida” y Agamenón y Menelao, hijos de Atreo, son los “Atridas”). Los dioses también tampoco se escapan: Zeus es “el portador de la égida” o el “amontoanador de nubes”, Poseidón es el “sacudidor de la tierra” y Palas Atenea es la de “glaucos ojos”.

Hablando de los dioses, su papel es muy interesante. Por un lado deciden el futuro de los mortales según lo bien o mal que les caigan (aunque en caso de disputa la última palabra siempre la tiene Zeus, el portador de la égida). Por otro se dedican a follar entre ellos y con humanos y a poblar el mundo de dioses y mortales hijos de dioses. En ese sentido, la vida en el Olimpo se parece un poco a Melrose Place, con mucho adulterio, venganza y pasión. En el caso de Odiseo, tiene la suerte de contar con el apoyo de Atenea, que le protege y da consejos durante todo el libro. El que no puede ni verle es Poseidón, que trama continuamente contra él ya que en una de sus aventuras deja ciego a un cíclope que era hijo suyo. De todas formas, como Zeus ya deja muy clarito al principo que ha llegado la hora de que Odiseo vuelva a Ítaca, poco puede hacer para impedírselo.

Entre dioses y héroes de Troya hay un montón de personajes secundarios cuyas historias se van contando entre medias. Muchos de ellos son los protagonistad de “La Ilíada”, que sería una especie de primera parte de “La Odisea”: Menelao, el marido de Helena, que fue “raptada” por los troyanos desencadenando la guerra de Troya; Aquiles, el famoso guerrero (que por cierto era gay y estaba enamorado de Patroclo); Agamenón, hermano de Menelao que después de volver de Troya fue matado a traición por su mujer y su amante, etcétera.

Mola ver lo fiesteros que eran hace dos mil años: nunca falta el vino a lo largo del libro y cada dos por tres, con la excusa de hacer sacrificios a los dioses (“hecatombes” y “libaciones”), matan unas ovejas, unos carneros, unos cerdos o unas vacas y montan unas barbacoas de escándalo. Y si se puede también llaman a algún aedo para que cante y les “alegre el espíritu”. Ah, y por supuesto, a los invitados se les colma de regalos: vino, oro, túnicas, .. Siempre a tope.

También llama la atención la “amoralidad” de los personajes, al menos en el sentido judeo-cristiano al que estamos acostumbrados. La característica principal de Odiseo no es su fuerza o su valor (aunque los tenga) sino su gran capacidad para el engaño (¿adivináis de quién fue la gran idea de regalar a los troyanos un caballo de madera repleto de guerreros?). Al cíclope le ciega gracias también a un ardid. En un momento dado hasta empieza a contarle una trola enorme a Atenea, que se hacía pasar por otra persona, y ella se descojona de él. Además, Odiseo y sus amigos se jactan de haber arrasado Troya y de vez en cuando saquean ciudades, matan a los hombres y se llevan a las mujeres y los niños para venderlos como esclavos. Unas joyitas, vamos. Los dioses no son mucho mejores: Zeus permite que Poseidón castigue a los feacios por ayudar a Odiseo (un poco  cruel teniendo en cuenta que acogen a extranjeros para agradar a “Zeus hospitalario”). Y Atenea, que tan maja es en la Odisea, también tramó contra Odiseo y los suyos durante la guerra de Troya. Eso aparte del rollo ese de liarse todos con todos. Y bueno, no os cuento el final para no chafaros el libro (¿se puede hacer un spoiler de un libro de más de dos mil años?), pero haceros a la idea de que lo del perdón y lo de poner  la otra mejilla todavía no se estilaba mucho y mucho menos entre sanguinarios guerreros.

Aquí lo dejo. Espero haber despertado en alguno la curiosidad por leerlo. Si os animáis, os recomiendo la versión en prosa de Carlos García Gual de Alianza Editorial (no respondo por otras ediciones que puedan estar repletas de términos arcaicos y notas al pie cada dos palabras). Que los vientos os sean propicios y vuestros designios agradables al portador de la égida.

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2 Responses to Oda a La Odisea

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