El final del principio

Parece que por fin la lucha en el frente burocrático está empezando a remitir. Hace unos días conseguí presentar los papeles para abrir la cuenta bancaria y antes de ayer estuve en la Policia Federal y conseguí el RNE, que es la tarjeta del Registro Nacional de Extranjeros, con lo que parece que tendré una tregua burocrática de unos meses.Durante la visita a la Policia Federal, rodeado de bolivianos y peruanos, descubrí un novedoso sistema empleado por la burocracia brasileña que me dejó maravillado. En el consulado de Brasil en Madrid ya había probado el fantástico “cita-previa-para-coger-número” (te citan a una hora, por ejemplo a las 9:15, y tú cuando llegas coges un número, de manera que cuando lleguen a tu número, lo que puede ocurrir a las 10:30, te atienden), pero aquí el sistema es mucho mejor: te dan un número, por ejemplo el 368, y en el panel van saliendo números A BOLEO (el 579, luego el 843, luego el 220), al más puro estilo bingo, con lo que evitan que pierdas tiempo yendo al cuarto de baño, o que te quedes dormido. Cuando por fin me tocó, me pidieron papeles que nadie me había dicho que llevase y me digitalizaron las huellas dactilares (las diez). Por suerte salió todo bien.

Junto con los problemas burocráticos parece que también tengo casi resuelto el asunto del alojamiento. Después de mucho buscar y rebuscar, la semana pasada tuve con Isa ese momento revelador en el que entras en una casa y sabes que tiene que ser tuya. Se va un poco del presupuesto que me había marcado, pero es preciosa, super bien localizada, segura y además está amueblada. Y esto último no es tontería, porque aquí las casas te las alquilan vacías, y con vacías quiero decir sin muebles, pero también sin lavadora, sin nevera y sin cocina. Para que os hagais una idea de la mejora social que esto supone para mi, os he hecho un pequeño montaje con la vista desde mi casa actual (el parking chungo debajo de un viaducto) y el aspecto que tiene la futura casa (sí, esa de la vegetación frondosa).Image

Pero más que la sordidez de mi actual barrio, a la que ya estoy bastante acostumbrado, estoy deseando irme para tener un poco de paz y disfrutar del silencio en algún momento del día; y es que no es sólo que la casa mire hacia una carretera de cuatro carriles y se oigan los coches pasar las veinticuatro horas del día. Es también que cada vez que hay partido de fútbol se lían pardas en la calle y es como si tuviera a medio barrio bebiendo cachaça en mi cuarto.

Con el tema del tráfico sigo flipando: aquí todo el mundo está asalvajado, no sólo los coches. Los pasos de peatones existen, pero no se respetan. Por su parte, los peatones se lanzan a cruzar en cualquier sitio (es chocante ver a madres con niños pequeños corriendo con el semáforo en rojo). Los pocos ciclistas que hay van sin luces, sin casco y muchas veces en sentido contrario a la circulación. Los autobuses están llenos de pegatinas de “Respeto a la vida”. Al principio pensé que eran anti-abortistas, pero no, se referían a la vida del peatón, a que es malo atropellar a la gente. Surrealista. Como también es surrealista la tele de los buses y los metros, con videos de youtube de perros y gatetes y con información actualizada sobre el horóscopo. Ah, y el clásico “por la noche nadie se para en los semáforos” ¡es cierto!

Os dejo, que ahora que he liquidado la burocracia me tocará ponerme a trabajar en serio en el laboratorio y para eso necesito coger fuerzas. Besos a todos.

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