Buscando a Wally

Empezaré con un tópico, y es que Sao Paulo es una ciudad de contrastes. Mientras por el aire sobrevuelan helicópteros que ahorran a los hombres más ricos del país las penurias del tráfico, abajo en la tierra las calles están saturadas de mendigos. La mayoría de estos indigentes (en brasileño eufemista llamados “moradores da rua”) son bastante inofensivos. El otro día me contaba mi casero que en gran parte son emigrantes del nordeste, la zona más pobre de Brasil, que vienen huyendo de una pobreza rural para encontrarse con una pobreza urbana y acabar viviendo en la calle. Lo cierto es que se están muy quietecitos debajo de sus mantas y ni siquiera piden dinero. Se comenta que sólo son peligrosos cuando están drogados.

Entre los contrastes de la ciudad está la forma en la que la gente vive, sus nociones de seguridad y lo que cada uno considera bueno o malo. Para ilustrar esto os contaré la historia del hermano de una amiga de mi madre, que tuve el placer de conocer la semana pasada, un portugués de unos cincuenta años que vive en Sao Paulo desde hace un año y medio y tiene a su familia, mujer e hijos, en Lisboa. Se ofreció a venir a buscarme a casa y me lo encontré en un cochazo con cristales tintados (y, más tarde descubrí, también a prueba de balas). Después de presentarme me dijo que vaya sitio de mierda había buscado para vivir y a partir de ahí me dio una lección gratuita de todo lo que había que saber sobre la ciudad, incluyendo dónde DEBÍA buscar casa (fue bastante inflexible en esto, exclusivamente edificios de veinte plantas en un barrio concreto), y explicándome cosas muy útiles, como por ejemplo que la ventanilla en el coche se puede abrir un poco, pero lo justo para que no quepa el cañón de una pistola, o que tengo que tener lugar en cierta calle porque hay muchos gays, a veces incluso besándose en la calle. También me indicó que debería empezar a tener hijos, porque ya se me estaba pasando el arroz, y que en breve entendería que necesito un coche para moverme por la ciudad y huir de ella los fines de semana, me guste o no la idea. Me dio una vuelta en el coche, me invitó a un café en su casa (2.000 euros de alquiler) y me volvió a llevar a mi barrio, no sin antes recordarme que aquella era una zona de mierda.

Esa opinión quizás no la compartiesen mi compañero de piso y mi casero, que me han insistido en que el barrio es bastante seguro a pesar del mal aspecto, pero a eso me refiero con lo de la ciudad de contrastes: cada uno, en su burbujita, se forma su opinión sobre cómo hay que vivir aquí. El resultado es que cada cosa que te dicen está tan cargada de subjetividad, y hay siempre que cogerla con pinzas.

En la búsqueda de casa estoy viviendo la fase B. Después de encontrar un apartamento simpático y a buen precio en el barrio japonés, me puse en contacto con el dueño para tramitar el contrato de alquiler. No es por tirarme flores, pero pensé que cualquier casero estaría encantado de poder alquilar su piso a alguien con un buen salario y una beca oficial del estado (acabo de calcular que el precio del alquiler es un 36% de mi salario, en Madrid pagaba cerca del 50%). Pero no, el amor a la burocracia es tal que me pidieron papeles. Luego me pusieron en contacto con una empresa aseguradora (aquí no se estila lo de la fianza: contratas un seguro por si no pagas el alquiler) que me pidió más papeles, y finalmente me han dicho que no, que no me hacen el seguro y, por lo tanto, me quedo sin contrato. Espero descubrir en breve qué he hecho mal.

Para acabar, contaros que en el labo me va bien, ya he empezado a hacer experimentos y cada día voy conociendo mejor a mis compañeros, que son todos muy majetes. Además, la convivencia está asegurada porque la jefa me explicó el otro día las tres reglas del laboratorio: no decirle nunca que ha adelgazado (está ya muy delgada de por sí), no escuchar música en el laboratorio sin cascos (muy razonable) y nunca, bajo ningún concepto, hacer palomitas en el microondas de la zona común (!). Creo que podré vivir con eso. Además, uno de los predoctorales se dedica a buscar parecidos de dibujos animados con todos los del laboratorio. ¿Adivinais quién me tocó? ¡Wally! Flipante, y eso que sólo llevé UN día una camiseta de rayas…

La foto mierder de hoy es la entrada al laboratorio. La he bautizado “laboratorio tropical” 🙂 Espero que sigais bien. Besos a todos.

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2 Responses to Buscando a Wally

  1. Viko says:

    Amigo atresillador,

    Me alegra mucho que te vaya bien por esos sures. Buenísimas tus entradas, en la tradición del gran Emilio Greenberg, la edad te va sentando bien. Eso si, todavía no he encontrado mención alguna de los temas que sabes que me interesan más. Si ya bailas samba, si has formado un grupo de afro-cuban-bosa-nova, y otras cuestiones más carnales. 🙂 Espero que siga todo bien y vayas colgando temazos de virtuosos que vayas conociendo por ahí.
    Un fuerte abrazo crack!!
    Viko el isleño de Vistabella

  2. M.V says:

    Wally, emigrante, científico, músico, ahora blogero..mmmm para mi sigues siendo calcetines de rallitas y playeros demodé, batas blancas, días largos y tercios al sol, eres Pessoa y la canción de my brown eye girl 😉 cuídate trotamundos. M.V

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