Luchando contra el sistema

Esta primera semana la he pasado entablando diversas luchas contra el sistema. Brasil es un país excesivamente burocrático: todo requiere un montón de papeles y citas previas, a lo que hay que añadir que el sistema es precario y es habitual que haya fallos informáticos que retrasan todo. Para que os hagais una idea, para darme de alta como postdoc en el departamento (algo que en el CBM supone bajar y decirle hola a Galán) me pedían una copia de mi proyecto, de la resolución de mi beca, una declaración de mi jefa de que trabajo con ella, una foto, una fotocopia de mi pasaporte y mi visado, un CV normalizado del sistema brasileño, un número de identificación fiscal que aun no tengo y rellenar dos formularios. Además, varios de esos documentos me los pedían también en PDF, con lo que me tocó escanearlos y enviarlos por correo electrónico. Pero bueno, eso ya lo he arreglado, ahora lo más dificil está siendo abrir una cuenta bancaria. Aun estoy en búsqueda y captura de varios documentos, aunque ya me han advertido que, cuando los consiga, tardarán ¡quince días! en abrirla. Bem-vindo ao Brasil. De todas formas, empiezo a vislumbrar un futuro con menos burocracia y más ciencia, y espero empezar a hacer experimentos la próxima semana.Otra simpática odisea está siendo la búsqueda de casa. Contra todo pronóstico, las pocas casas que he podido ver tienen bastante buena pinta: exteriores, con luz, grandes y no tan caras como me habían comentado. El mayor problema es que la mayoría de ellas están vacías. Y cuando digo vacías me refiero a que no tienen muebles, pero tampoco cama, nevera, lavadora y muchas veces ni siquiera cocina. Cuando vi eso entendí por qué me dan 2.000 euros en “gastos de instalación”, y ya no me parece tanto. En cualquier caso, parece que la búsqueda es sólo el primero de los problemas, y una vez encontrada la casa ideal aparecen una nueva serie de inconvenientes en forma de fiadores, depósitos, fianzas y tipos de contrato. De las tres o cuatro casas que he visto, sin duda la más curiosa en la que estuve ayer, en un sub-barrio de Vila Madalena que llaman Vila Anglo-brasileira. Está muy bien localizada, pero en una zona donde originalmente vivían los currelas que trabajaban sirviendo en las casas guapas del barrio. La casa es de un sólo piso, construída por el propietario, y tiene al fondo una huertecilla y un corral con gallinas. Según el dueño, el barrio es tranquilísimo, tanto que sus ventanas no tienen pestillo y él no cierra la puerta con llave por las noches (una puerta, por cierto, que es una puerta de armario reciclada), algo bastante sorprendente en una ciudad caracterizada por la paranoia colectiva. Además, el alquiler es muy barato… Yo no quiero obsesionarme por el tema seguridad, pero bueno, creo que es un poco too much, se empieza así y se acaba jugando al fútbol descalzo y bebiendo caipirinha para desayunar.

Mientras busco casa valoro siempre la posibilidad de poder ir en bici al trabajo. El campus se presta mucho al ciclismo: es muy verde, casi sin tráfico y con vías amplias. En algunas partes de la ciudad hay carriles bici, pero por ahora sólo he encontrado uno que no parezca que acaba directamente en el cementerio, así que francamente lo veo difícil. Sin embargo, aunque hay poca gente entre semana pedaleando, los domingos ocurre una cosa curiosa: la policía cierra muchas de las carreteras principales de la ciudad, improvisa carriles bici con conos y dispone unas cuantos cientos de personas por la ciudad para regular el tráfico ciclista. Es chocante ver carreteras que entre semana albergan seis carriles de tráfico abandonadas a ciclistas y patinadores como si hubiera habido un cataclismo, pero bueno, no deja de ser algo casi anecdótico, en el sentido que no soluciona el brutal problema de tráfico de la ciudad.

Para acabar os voy a dejar una fotito del barrio en el que estuve celebrando la fiesta del trabajador ayer. Se llama Sao Remo y es donde Isa pasó los primeros días cuando llegó a Sao Paulo, en casa de una negra preciosa con porte de reina y sólo diecinueve años que se llama Clari. Y sí, tiene pìnta de favela porque es una favela, aunque según Clari es segurísima a cualquier hora del día y de la noche (lo primero que he aprendido es que aquí lo que cada uno considera seguro o inseguro es de lo más arbitrario). Lo pasamos muy bien: había un montón de chavales disfrazados (!) jugando al voley y al fútbol (descalzos, pero por vicio, no por necesidad), y hubo una obra de teatro bastante simpática. En un momento dado se me ocurrió empujar a unos niños que jugaban en un columpio y durante una buena media hora tuve una fila de “moleques” pidiéndome que les balancease. Me sorprendió lo bien educados que estaban todos los chavales. No sólo no nos robaron, sino que, por ejemplo, uno de ellos nos ofreció galletas de forma espontánea y unas niñas me dieron las gracias respetuosamente cuando les ayudé a romper la rama de un árbol que les molestaba para jugar.

Bueno, os dejo que me enrollo. Además, me he adaptado al horario local y me levanto a las seis y media de la mañana (entre otras cosas porque el tráfico a esa hora ya no me deja dormir). Besos a todos.

Image

Advertisements
This entry was posted in Batallitas and tagged , , , , , , , . Bookmark the permalink.

2 Responses to Luchando contra el sistema

  1. Pingback: Bicicletarios | Atresillando – El blog del Sr. Tresillo

  2. Pingback: El absurdo caso de la fosfoetanolamina | Atresillando – El blog del Sr. Tresillo

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s